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domingo, 16 de noviembre de 2008

El Centro del –Des-Conocimiento

En los últimos tiempos los medios de comunicación y el Gobierno promocionan al novísimo Centro del Conocimiento como un espacio que se dice público, gratuito y libre, abierto a todos los misioneros en general, y al resto del país y del Mundo para que sepan que Misiones también tiene grandes espacios para el arte, y la cultura. Lo que parece que se olvidaron de pensar es el significado de lo que es un espacio público.
El sábado decidimos ir a conocer el Centro de Conocimiento. En la facultad nos recomendaron una exposición (el tríptico rosarino) y como sabíamos que era un lugar con una vista especial, decidimos llevar las cámaras y aprovechar para sacar fotos para un Seminario de Fotografía.
Así que sacrificamos la siesta y tomamos “el 28”. En el lugar nos encontramos con un concierto de guitarra y lírico que empezaba a las seis de la tarde, y una obra de teatro infantil a las 20. Al llegar recorrimos las exposiciones, y como faltaba media hora para que comience el concierto nos fuimos a sacar algunas fotos del paisaje: el nuevo hotel del IPLyC, la ruta de acceso oeste, los barrios del IPRODHA que se ven desde el lugar, la laguna, el Centro de Convenciones (olvidado, a un costado del nuevo Imperio-Centro). Se hizo la hora del concierto y entramos nuevamente al Centro del Conocimiento. Luego, antes de que empiece la obra infantil de las 20, fuimos a la tan promocionada fuente para sacar también ahí unas fotografías. Nuevamente, regresamos al Teatro Lírico y como la obra demoraba en comenzar, decidimos volver a casa. Pero antes de tomar el colectivo, regresamos a la fuente para sacar las últimas fotos, esta vez con los efectos del color en los chorros de agua.
¡Tonta idea de nuestra parte! ¡Sospechosa nuestra conducta para los agentes de seguridad del lugar! En ese momento, con cámara en mano, nos rodean tres policías, los agentes Roman S, Montenegro R. J, y Brites J. L, además del que se hizo llamar jefe de seguridad del Centro del Conocimiento, Roberto González, quien no tenía ningún tipo de identificación ni quiso presentarla. Estos cuatro sujetos nos rodearon a ambos, y nos hicieron algunas preguntas a las cuales denominaron “DE RUTINA”: ¿Qué vinieron a hacer acá? ¿Por qué anduvieron dando vueltas tanto tiempo? ¿De dónde son? ¿Tiene identificación? Luego de este “interrogatorio”, se nos pidió que mostremos lo que teníamos en nuestras mochilas. Sin ningún tipo de problemas y frente a toda la gente que estaba en el lugar se nos trató como delincuentes, o como “posibles delincuentes”. Nos pidieron la dirección de cada uno por si en el futuro “pasase algo en el Centro del Conocimiento”, textuales palabras del Jefe de Seguridad del lugar.
A lo que queremos llegar es que este espacio, que como remarcamos al inicio de esta carta, que se pretende libre, público, no es un lugar para quedarse más tiempo de lo “correcto”, para no quedarse “mucho tiempo”. Pero ¿cuánto es mucho tiempo? ¿Cuánto tiempo será el adecuado?
Un lugar que se pretende público y donde cuatro “agentes de seguridad” pueden revisar tus pertenencias sin ningún tipo de testigo legal: toca tus cosas, te expone a una “vergüenza pública” sin más justificación que la de: “porque estuvieron mucho tiempo en el lugar”. Nadie nos anticipó el tiempo que debíamos permanecer en el predio, nadie nos dijo que no podíamos sacar fotos del paisaje, y nadie nos avisó que por esto iban a tratarnos como a “posibles delincuentes”.
Sabemos que estas cuatro personas recién mencionadas no son más que muñecos de un juego en el cual sólo obedecen órdenes. Lo que está en juego obviamente es más grande que el mal momento que nos hicieron pasar. “Las cámaras de seguridad los vieron en muchos lugares toda la tarde”. Nos preguntamos, ¿y las cámaras de seguridad no mostraron que solamente estábamos sacando fotos, y mirando las muestras?

¿Cómo piensan desde estas instituciones un espacio público, y más este que se tilda de ser un Centro del Conocimiento? Un espacio público en el cual no sentarse, descansar, observar, preguntar, reflexionar, ¡conocer! Un espacio público que te cierra las puertas y te prejuzga por llegar en colectivo y no en una cuatro por cuatro. Un espacio público, un centro para el conocimiento que pareciera darte lo que tiene por pequeñas muestras en tiempos fríamente medidos, y que si para ellos los “excedes” tienen el derecho a pisotear tu imagen pública.
Un espacio gratuito, público, libre… pero por un ratito, y si llegas en cuatro por cuatro mejor. Un espacio para el conocimiento pero un conocimiento de paso, rápido, sin pensar, para dar solamente un vistazo sin que tener tiempo para reflexionar, y que además pareciera sugerirte que no te quedarás, y como en nuestro caso, que te sugiero que tampoco quiere que regreses.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Hay una Fuente en alguna bisagra del tiempo

Hay una fuente en alguna bisagra del tiempo. Esta fuente nos ofrece la producción de realidades en frases para toda la eternidad. Muchos ya la han encontrado, eso aseguran. A la mayoría de estos afortunados los podremos encontrar en listas de famosos como también en los más oscuros rincones, con papel y lápiz en mano.
Esta fuente no necesariamente tiene la forma de un manantial, con algunas monedas, pececitos y chorros de agua, sino que en la mayoría de los casos toma forma humana, habla, ríe, -a veces- sueña, canta y da, y más de una vez, se equivoca.
Se apropia de alguna figura humana para poder estar sin llamar demasiado nuestra atención. Y lo ha logrado, no solemos darnos cuenta de quien se encuentra a nuestro a lado o dando vueltas a nuestro alrededor. Así podría ser alguien quien se sienta a nuestro lado en el asiento del colectivo, alguien quien nos saludó por la calle y no sabemos porqué lo hizo ¡lo conozco de algún lado pero no me acuerdo! Los ejemplos son muchos, o más bien, los ejemplos pueden ser todos… absolutamente todas las posibilidades de encontrarnos con alguien que terminaría siendo una fuente de algo que tal vez nos llevaría hasta algún tipo de sabiduría.
Por eso creo que, aunque difíciles de encontrar, estas fuentes con forma humana van dando vueltas por entre nosotros. Nos tocan ante una buena idea, una buena acción, pero no distinguimos sus formas y colores, y es ahí cuando se cansan de girarnos y se van (pero estoy segura, siempre regresan esperando ser vistos).

En una ida, encontré una fuente que me hablaba de todo esto.
En una vuelta, no me siguió, prefirió quedarse con lo que había a su alrededor, que era más prometedor que las palabras mezcladas siempre con la misma cuchara, sin azúcar, sin más que decir que pedir.
Cuando volví intenté encontrarme de nuevo en esa bisagra del tiempo, me esforcé para ello. No lo conseguí pero lo sigo intentando, y aunque me suelo dar por vencida en la mayoría de los casos, esta es una oportunidad que además de poder darme mucho me reencontrará con vos, que me había ofreció todo.
¿Cuál será la forma que esta vez tomará “Todo”?

jueves, 16 de octubre de 2008

De lo que no está surge lo que puede ser

Sacas algo de entre las palabras, casi siempre de entre las mías.
A los restos de madera se suele llamar “viruta”… Eso sos hoy para mis palabras, restos de ellas, en formas dispares pero ricas en la materia de lo que fueron porque en esencia son las mismas palabras en versiones diferentes (para mí, encantadoras versiones), y ahora con distintas texturas, formas, sentidos opuestos pero siempre paralelos de lo que fueron ayer.
Lo encantador es que esas nuevas palabras (restos de las de ayer) nunca se confunden con lo que fueron. Saben de presentes, pretéritos y futuros -más que inciertos- poco ciertos.
Al mismo tiempo, en ese mismo tiempo ya usado, sos presencia virtual que logra sacar a esa “viruta” de mis frases. Van más allá al recordarte porque es tu recuerdo el que les abre las puertas a nuevas posibilidades para su poder-ser.
Tu virtualidad no necesita más que un segundo para empezar a hablar, para empezar a hablarme. No necesita de protocolos y ritos de iniciación para soltarse, para soltarme. Ella me habla constantemente aunque vos no hables, y ella nunca escucha, sólo necesita ser escuchada, que la escuche. Pero es su egoísmo lo que la hace particular, lo que la hace capaz de ser tan especial en mis discursos recortados de tu virtualidad. Y aunque esquivas, indirectamente me hablan de vos. Recurren a tu presencia, casi nunca real, para explicar situaciones, sentidos, formas, que si bien no tienen nada que ver con vos, te recurren para nacer, te necesitan para salirse hacia el Sol. Hasta llegan a cambiar sin ser juzgadas, todo gracias a tu virtualidad de encanto.
Lo que no es, no siempre está ausente en lo que hacemos.
Lo que no encontramos, no necesariamente ya no existe más, en algún lugar.
Confundirnos no precisamente quiere decir que no sabemos.
Y encontrarte en las palabras me dice más de lo que sos, y menos de lo que no puede ser.

martes, 7 de octubre de 2008

Mafalda: una nena con “M” grande de Mundo

Cuando era –más- chica, no recuerdo exactamente mi edad, la conocí. Ella vivía en una casa donde no volví nunca más, y no creo que vuelva. Siempre en el tiempo, las cosas/objetos/situaciones quedan atrás cuando no se cruzan otra vez los caminos. Es por eso que a esa casa no creo que vuelva a ir, pero con ella me encuentro cuando yo quiera, y por supuesto, cuando ella también lo quiera, porque tiene esa virtud de vivir en muchas casas, lugares, espacios, especialmente en libros, revistas, y ahora me contaron (y la vi) hasta en Internet.
Cuando leí (no lo sabía, tal vez por mi manía de no escuchar/pensar lo que no quiero escuchar/pensar) que su creador, aburrido de la rutina de hacerla nacer todos los días por once años, se alegró de no hacerlo más, salvo en otras oportunidades, pero ya no todos los días, algo así como una decepción atravesó aquella niña. Pero no importa, lo que quedó está aún hoy, me identificó ayer cuando la leía de pequeña, hoy, y estoy más que segura, mañana.

A continuación, transcribo una parte de un trabajo de la facultad dónde hablo de esta niña con M de Mundo y sus vínculos (a mi parecer) con lo popular, lo culto y lo masivo en esta historieta argentina. Pretexto para hablar y nombrarla… nada más… nada menos…

“En la historieta argentina se articulan elementos de lo culto, lo popular y lo masivo. Dentro de estas producciones gráficas tienen lugar la aventura, el melodrama, los estereotipos, los toques costumbristas, la vida cotidiana, la rutina, el arte, identidades que pretender mostrar el “ser nacional”, como por ejemplo, el criollo, el indígena, el hombre del campo, el de la ciudad, etc.
A modo de ejemplo, la tira Mafalda (1964-1973) es protagonizada por una niña que en su manera de ver el Mundo toma elementos de la vida cotidiana: los días de escuela, la relación en el hogar y con sus amigos, los días de vacaciones, etc. Pero al mismo tiempo esta niña manifiesta algunas de las angustias de las personas de aquella época (y también de la actualidad): alguien preocupada por el Mundo, su país, la naturaleza, la gente; además la manera en que su autor aborda las problemáticas político-social de ese entonces. En sus personajes se pueden observar características típicas de estereotipos que hablan de lo popular: el almacenero del barrio, la niña que sueña con casarse y tener hijos, el niño que ama las historietas de aventureras y fantasea con ser un superhéroe, el padre oficinista, la madre ama de casa. Los modos de ser y de saber de lo popular encuentran su espacio dentro de esta propuesta cultural.
Pero por otro lado, Mafalda es “aceptada” por la cultura oficial que la reinventó y utilizó en muchas ocasiones. Por ejemplo, en campañas educativas para niños, campañas de salud, ecológicas, artísticas, en sellos postales argentinos, en portadas de libros escolares (Editorial Estrada) hasta en un póster del quinto aniversario del retorno a la democracia. De este modo, la historieta entre en contacto con lo culto que vio en ella una posibilidad de enriquecer los valores del ser nacional: Mafalda a modo de ejemplo a seguir.
Esta tira se relaciona con lo masivo ya en sus primeros inicios, cuando fue creada para una publicidad del mercado de electrodomésticos. Luego, ya como historieta esta se publica en medios masivos de comunicación para un gran público que veía en ella algunas de sus formas de ser. De este modo, se pueden identificar prácticas de la cultura masiva de la época en por ejemplo: tiras en que Mafalda nos habla de la aparición en los hogares porteños de la televisión, el constante contacto de la niña y su familia con la radio, como también, cuando su padre, un empleado, compra un automóvil como tantas otras familias trabajadoras del momento.”

lunes, 25 de agosto de 2008

“Fecha Cuadrada Número 21”

No suelo escaparme de ese “gustito” de escribir sobre fechas cuadradas, que todos los años suelen repetirse. Y hoy, para variar, año tras año intento mediante letras que se unen, resumir lo que los días suelen contarte. Tal vez por eso Borges decía que “asombrarse de memoria es difícil”.
Siempre suelen ser importantes estos acontecimientos pero descubrí que son así sólo si nos sentamos a pensarlo, en mi caso, veintiún segundos. Ahí, de entre las memorias y los brillitos, aparecen fantasmas a veces de mil colores y otras veces grises que le sirven un vaso de agua fresca a nuestro Recuerdo. ¡Para volver, amigo, para volver!, decía. Con esos veintiún segundos de vuelta atrás caí en la cuenta que te confunden los sueños cuando no son los tuyos: sueños pedidos prestados o que compramos a uno de esos vendedores de sueños que nunca habíamos visto antes.
Y porque existen sucesos destinados a llamarnos la atención, completamente nuevos y por estrenar ¡Lo confieso! Te llevan con la corriente, te susurran novedosas palabras siempre repetidas de otros cuentos. Logran llevarte hasta esas historias para descubrir dentro de lo mismo cosas jamás antes vistas, ahora des-cubiertas y por fin ¡verdaderamente tuyas!
Y no es por nada que en las palabras suelen esconderse más de nosotros mismos de lo que nos podemos llegar a imaginar. Lo mismo sucede con los años.
Años para gastarlos, años para guardar.
Años para mirarlos, años para darles la espalda.
Años para sentirlos, años para verlos pasar.
Años para batirlos, años para dejarlos reposar.
Años para encontrar, años para buscar.
Años para desear, años para desear mucho más.
Se perfectamente que no suena del todo bien que a muchos de esos años los dejemos a un costado, siempre por analizarlos un poco más allá en el tiempo, siempre guardados para luego aprendérnoslos de memoria. Vuelvo a repetir: las circunstancias se nos suelen escapar de entre los dedos y de entre los años que tiene el deseo.

(…Entre nosotros…)… Los significados nunca suelen coincidir, y tu voz susurra canciones sin nombre al viento. Pero solamente no tienen nombre para mí, para vos todo esta muy claro: es eso de entender las cosas que a mí siempre me cuestan tanto.
(…Entre nosotros…)…“Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal estado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que solo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno. (Gabriel García Marqués en “Memoria de mis putas tristes)”

--- Destino: te busqué como la piedra en el zapato que sos, en sentimientos marchitos antes de tiempo, en circunstancias que están más allá de tus manos y que te impongo me las concedas, en lo nuevo y en lo viejo, en metas que aún con líneas trazadas suelen costar mucho concretarse, en un pasado que se muta constantemente, en colores que se reinventan con los días.---

Continuamos nombrando al destino perdido con el mismo resentimiento de ayer y de otros días. Y aún hoy aunque no me lo pueda explicar, siguen existiendo cosas que nunca fueron, y están ahí ansiosas por ser, estirándote el vestido diciendo. ¡Quiero, quiero, quiero ser!
Aún creemos, siempre dando vueltas por los mismos pensamientos, que hoy es diferente que ayer. Mañana confirmamos que esa teoría nunca funciona: hoy que es el mañana de ayer, es como ayer, y siguió en los mismos días en busca de sentidos. De esta manera sumo otra rayita a las más de cuatro paredes de la vida, otra “feliz felicitaciones” en la memoria, otros 365 días que miran para atrás de espalda al presente…
Para mañana (como dije siempre hoy) nuevas paredes por marcar, nuevas memorias por re-llenar, nuevos días que miran, todos prolijamente, “al frente para hacerle frente de frente” a ese destino que suele no estar disponible y esconderse pero que siempre lo podrán encontrar mezclándose con la “chusma”: con lo que fue y con lo que podrá ser.

Ita!
18 de agosto de 2008
Posadas, Misiones.

miércoles, 20 de agosto de 2008

“Los “medios” para estar a la Moda …”

Muy atrás quedó en la historia de la humanidad, aquel primer momento en que el hombre para protegerse del frío empezó a cubrirse con pieles de animales. Todos conocemos esa parte de la historia. Luego, además de protegerlo de las bajas temperaturas, la vestimenta que el hombre utilizaba fue una forma de distinguirlo y diferenciarlo de otros hombres: de menores o mayores recursos, de hombres libres o esclavos, etc. Ha pasado de esto bastante tiempo, y las historias que solemos contarnos en esencia no cambian mucho.
En la actualidad, lo que vestimos, los accesorios que usamos, las nuevas o renovadas prendas que están en las vidrieras, las marcas que nos dicen lo que es o no “fashion”, nos colocan fuera o dentro de un Mundo, más conocido como el Mundo de la Moda.
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación cumplen un papel muy importante y crucial en la difusión de este mundo paralelo. Gracias a las TICs es posible que este “espacio” sea cada vez más grande. Las revistas de moda, los desfiles, sus nuevos lanzamientos, sus publicidades, sus modelos ocupan un lugar importante en los medios escritos, y audiovisuales.
En el siguiente ensayo intentaré analizar algunos aspectos de la relación de la moda en los medios de comunicación con el fetichismo de la mercancía, y su lugar dentro de las sociedades de control. Como objeto de análisis concreto me basaré en la producción cinematográfica “El diablo viste de Prada”, película que parodia a ese mundo que suele conocerse como artificial.


Un Mundo Exclusivo

La película “El Diablo viste de Prada”, basado en el libro de Lauren Weisberger, cuenta la historia de una periodista recién egresada que comienza a trabajar en una importante revista de modas de Nueva York. El film nos habla de lo competitivo, exigente y “endiosado" que suelen ser estos ambientes donde la apariencia es lo más importante. La película critica lo frívolo de este mundo, donde está mal visto no ser superdelgada, usar un zapato cómodo, no sentir adoración por las grandes firmas de la moda. Aquí, Dolce, Galbana, Manolos, Prada, Versace son algunos de los nombres de los nuevos dioses.
Y aunque la película es un cliché de una clásica historia norteamericana con un final feliz, moralista sobre la integridad, y vuelta al buen camino, podemos encontrar en ella esos elementos que caracterizan a este ambiente. En algunos personajes de la película lo más importante es vestir siempre un buen zapato de taco aguja, además, se caracterizan estar obsesionados por su imagen, y donde un mal peinado puede acabar con su carrera. En este lugar, y en incontables escenarios sociales, la imagen conquistó el lugar más importante; los valores, la vida personal están muy lejos de lo trascendental que sería una buena y “correcta” manicura.
Me pregunto, ¿cuáles son los medios para estar a la moda? ¿Cuál es el precio que las personas están dispuestas a pagar para formar parte de ese mundo? ¿Alguien escapa de la seducción de esas ofertas? Considero que lo importante es entender y poder definir cuales son los límites, reflexionar sobre la importancia de lo que nos “ofrecen” desde la televisión, los diarios; poder repensar lo que nos están vendiendo, y lo nosotros estamos comprando de este “pseudo-mundo”: marcas, moda, confort, el “sueño americano”, status, prestigio, posibilidades, belleza, etc.
Además, si nos ponemos el traje de comunicador social en este caso sería uno de gala que llame mucho la atención ya que su función dentro de los medios de comunicación masiva (por ejemplo, una revista con trayectoria internacional como es el caso de la película) es decisiva y fundamental para este ambiente. Los medios le brindan a este mundo la posibilidad de difusión, de publicidad, de alcance a la mayoría de la población.
Estas producciones (revistas, publicidades, desfiles) de alguna manera han logrado instalarse en nuestro día a día. De este modo, el mundo de la moda (el cual pareciera que le falta el relleno), el mundo de lo se ve, de lo que mostramos sobre nuestro cuerpo, el mundo de lo que “nos entra por los ojos”, el mundo de la primera impresión acaparara todos los ambientes sociales, y está también ahí, en lo que “sale” en los medios de comunicación.


El precio de la Moda

“Esos brillos fugaces, símbolos de poder, distinguían a los mandones de los mandados.
Como ahora.” Eduardo Galeano.

Sin lugar a dudas, esto pareciera que ya se nos escapó de las manos, manejar y tener los recursos para acceder a las “nuevas y siempre nuevas” tendencias de la moda nos ofrecen más que color y “buen estilo”, son símbolos de un poder que se renueva con cada estación. La posibilidad de adquirir distintos accesorios de determinado diseñador, nos demuestran, y trazan la línea que separa los que están dentro o fuera del Mundo Fashion.
Pero este espacio va más allá de la posibilidad de recursos para adquirir o no lo que nos venden, éste también cumple otro rol, el cual por el brillo que desprende, muchas veces puede llegar a encandilarnos. La moda dentro de los medios de comunicación funciona como mecanismos de control en las actuales sociedades, porque aquí no solamente funcionan mecanismos como cámaras, bases de datos, etc. sino que de una manera muchas veces “sutil y de colores” nos imponen o “insinúan” el cómo vestirnos, lo que es acorde a determinada situación y contexto, los colores que corresponden a cada estación, lo cómodo, lo bello, lo estéticamente correcto. En fin, “lo que corresponde”. De este modo, los medios de comunicación, el cine, las revistas de moda muchas veces te “aconsejan” como combinar tu mascota con la cartera. Con estas herramientas los mecanismos se aseguran dentro de las sociedades de control la garantía del orden.
Otro aspecto que cobra gran importancia es la cuestión del mercado que gira en torno a la moda y de sus medios de difusión. En las sociedades de control el mercado “es conquistado ya por especialización, ya por colonización, ya por baja en los costos de producción. Pero en la situación actual, el capitalismo (…) es un capitalismo de superproducción (…) para el producto, es decir para la venta y para el mercado. (…) El marketing es ahora el instrumento de control social” (Deleze). De este modo, con la baja en los precios de algunas producciones de vestidos, accesorios, cosméticos (cabe recordar que estas “baratas ofertas” siempre pertenecen a las denominadas “de segunda mano”, imitaciones de las grandes marcas), y ya instalada la idea de necesidad de estos productos como un estilo de vida deseable, ideal se hace posible que el modelo de producción capitalista siga, tranquilo, su curso. La mercantilización de todas estas ofertas, cada vez de más bajo precio pero que el individuo para seguir perteneciendo al “mundo de la moda” le es “conveniente” renovarse todo el tiempo. La moda como un producto necesario pareciera convertirse en una herramienta específica en las sociedades de control.
Y así, la seducción que ofrece las posibilidades de acceso se hacen ver en la incitación al consumo por parte de los responsables en generar estos discursos: los representantes de las grandes marcas en los medios de comunicación. Entonces, es importante prestar atención a estos procesos que no son nada inocentes, cómo estos mecanismos logran incidir en nuestros comportamientos, y también no olvidar el papel de los medios como generadores de sentido.


Los sujetos: objetos a la moda

“(…) Nosotros, los humanitos: (…) los únicos animales que inventan máquinas, los únicos que viven al servicio de las máquinas que inventan.” (Eduardo Galeano)

Los primeros motivos por los cuales el hombre comenzó a cubrirse su cuerpo ya han quedado en un plano de poca relevancia. Lo importante ahora (advertencia: la lista suele ocuparse de los más mínimos detalles) es tener unos buenos tacos altos, cuanto más caros mejor, un buen peinado, los colores que se están usando, que te entre un talle de pantalón 0, las medidas de busto, cintura y cadera “ideal”, manicura y pedicura completa, una cartera exclusiva para cada ocasión, etc, etc.
Para Marx, el fetichismo de la mercancía consiste en dotar a determinado objeto de características que no les son propias de su naturaleza, su esencia, su definición en tanto objeto social; así a estos objetos se les atribuyen características humanas (...) se personifican y se transforman en sujetos” (Kohan, Néstor). De este modo, los objetos con los cuales nos vestimos ahora se han convertido en sujetos, “externos”, como si tuvieran vida propia. Estos objetos, disfrazados de belleza y ofreciéndonos un “status”, se incorporan a nuestro día a día con valores y significados que no son los mismos para los que fueron creados.
Para agregar, podemos citar a Jesús Martín Barbero que dice que “el consumo no es sólo reproducción de fuerza, sino también producción de sentidos; lugar de una lucha que no se agota en la posesión de los objetos, pues pasa aún más decisivamente por los usos que les dan forma social.” (Jesús Martín Barbero). Así, las formas de usos, de valorización que las personas les van dando a estos objetos, son los que los convierten es sujetos/objetos.
Pero, ¿es posible repensar los significados/valores que tiene la moda? Claro que sí. No hay que descartar que siempre existen posibilidades de resistencia, de luchas y de cambios pero estas transformaciones podrán llevarse a cabo mediante procesos que no son cortos. En un primer lugar podemos comenzar a reflexionar sobre las formas de actuar de los sujetos sociales, sobre la importancia que tiene los objetos que adquirimos; replantearnos los valores que le otorgamos a las máquinas/objetos que producimos.



Conclusión
“Para terminar… el último grito de la moda”

Me han contado que “El Diablo”, el que siempre tiene el papel de malo en todas las películas, historias, sucesos se viste en las mejores tiendas de ropa del mundo. Se la pasa de compras en Paris, Nueva York, Milán. Pero también me han contado de su poder, de sus formas de llamar la atención e incidir en el “Mundo de la Moda”. La película “El diablo viste de Prada”, nos acerca a ese mundo paralelo, caracterizado por ser frívolo, artificial pero que maneja mecanismos que intentan garantizar el orden en el mundo capitalista de hoy.
Por otra parte, las formas que ha adquirido esta mercancía nos lleva al concepto desarrollado por Marx. El fetichismo, en este caso el de la moda, “desfila” en todos los medios masivos de la comunicación. Éstos han colaborado en su transformación en objetos/sujetos. De la mano de las TICs han abierto el camino a este mundo posibilitando la difusión de sus interminables producciones.

Pero el último grito la moda ¿existe? La frase cliché resuena en cada último desfile de moda, en cada “nueva temporada”. Un decir que pareciera nunca acabar. En la película, el final, como ya adelante, es un clásico final feliz. La joven periodista, que se había visto seducida por ese mundo vuelve a su vida cotidiana, a reencontrarse con sus valores. Contratan a otra joven en su lugar, tal vez la historia vuelva a repetirse, tal vez no.
Para concluir, quiero agregar que en una sociedad donde pareciera que lo que hace a la persona son las marcas de lo que consume, lo que puede llegar a comprar, la forma de combinar los accesorios, el país de procedencia de los perfumes que usa, es difícil “ser distintos” pero un primer paso es posible a través de la reflexión, el cuestionarnos sobre los valores y significados que le damos a los objetos que nos rodean.

miércoles, 30 de julio de 2008

“Sonría… ¿Nos están filmando?”

En la actualidad, nos encontramos “rodeados” de distintos mecanismos de control en todos los escenarios sociales: al ser registrados por cámaras de seguridad, al usar una tarjeta de crédito, al rellenar la base de datos del banco, de la facultad, al entrar a Internet y subscribirnos a una página para que nos envíe nuestro horóscopo todas las semanas, al recibir un correo electrónico, etc.
En los últimos años, en el caso de las cámaras de seguridad, las posibilidades de acceso a las nuevas tecnologías y la problemática de la inseguridad actual, han logrado que éstas proliferen en incontables espacios públicos (y no tan públicos) antes impensados. No nos resulta “extraño” estar todo el tiempo siendo observados por ojos que nos ven pero que nosotros no sabemos quienes son. Quizás estas miradas que “lo registran todo” sean los de unos completos desconocidos o los de un vecino, los de un amigo que trabajan en la empresa de seguridad del “Hipermercado Libertad”.
De esta manera “nos encontramos con ellas” en los supermercados, en los bancos, en las farmacias, en los cajeros automáticos, en los semáforos, en escuelas privadas, en los casinos, en los boliches. Dentro de sus formas de uso entran en juego la problemática de la inseguridad a la que pareciera estamos todos expuestos, pero también, en contraposición, cobra importancia la reflexión sobre el derecho a la privacidad. De este modo, en el siguiente ensayo intentaré analizar a estas videocámaras como parte de los mecanismos de control, vigilancia y seguridad.



Un “Gran Hermano” que todo lo ve

En la novela 1984 de George Orwell, el autor narra la historia de una sociedad sometida al totalitarismo y la dictadura. Los espacios públicos y privados son constantemente vigilados mediante circuitos de videocámaras (telepantallas). La historia de Orwell puede llegar a constituir una metáfora para re-pensar y reflexionar sobre la situaciones del presente. De este modo, el control y la vigilancia se han introducido en nuestras vida cotidiana haciéndose prácticamente invisibles: parece que ya no nos damos cuenta que en la mayoría de los espacios públicos estamos siendo “filmados” todo el tiempo. Si nos situáramos dentro de la novela de Orwell, nuestro día a día tranquilamente podría parecer uno en aquel país. Entonces, con respecto a la novela de Orwell y a la actualidad, la ficción nuevamente toca a la realidad: las cámaras en casi todas partes, la manipulación en la información, etc.
En las últimas décadas, estos mecanismos de control, de censura y de poder han logrado ser habilitados mediante el consenso de la mayoría de la población. Esto se ha debido a diferentes motivos, entre ellos, podemos mencionar a la problemática de la inseguridad. De esta forma, las personas aceptan ser “observadas” en todo momento y lugar para “sentirse protegidas”. Así, exponernos a que nuestras acciones cotidianas sean guardadas “por nuestra seguridad y las del resto de la Nación y del Mundo”, en archivos de datos donde es poco probable que tengamos acceso, parece incuestionable.
Además, con el auge de las cámaras de video/fotográficas, cada vez más pequeñas, más sencillas de utilizar, con más capacidad de almacenamiento, y menos costosas, la convivencia con las mismas forma parte de “la costumbre”. Aparecer en fotos, videos ya no es algo de difícil acceso, son cada vez más las personas que poseen por ejemplo, un teléfono celular con cámara de video y fotográfica. Entonces, sería importante, ponernos a pensar cómo fue que estos mecanismos se han ido incorporando a nuestra vida cotidiana, así poder llegar hasta la “invisibilidad” de las cámaras de seguridad, reflexionar sobre sus usos y “abusos”.
Las personas inmersas y dependientes de un sistema, son sometidas “sutilmente” a seguir estas reglas de juego, porque intentan hacernos creer que no existen otros modelos para llevar “adelante” la sociedad. De este modo, los mecanismos de control intentan pasar desapercibidos, ser sutiles, casi imperceptibles pero sin embargo, ahí están sin que ni un mínimo detalle se les escape.
Y al hablar de los actuales sistemas de poder “no se trata de preguntar cuál régimen es el más duro, o más tolerable, ya que en cada uno de ellos se enfrentan las liberaciones y las servidumbres (Deleze)” pero es importante reflexionar sobre el cómo todo hoy está siendo registrado, guardado, controlado; y que esto no forma parte de la casualidad, aquí la causalidad cumple el rol más importante. De esta manera, las cámaras de seguridad, como su nombre lo indica, en sus promesas nos aseguraron resguardar nuestra integridad física, psíquica y moral de los robos, la violencia, las violaciones, etc. pero dentro de sí encierran “nudos” que nos hablan de vigilancia y censura permanente (y no por casualidad) dentro de fuerzas en manos del Estado, ¡y cómo no, también del mercado!



El panoptismo

Para entender un poco más de qué tratan estos mecanismos de control podemos citar a Foucault y lo que él desarrolla acerca del panoptismo. Así, el habla de que “el dispositivo panóptico dispone unas unidades espaciales que permiten ver sin cesar y reconocer al punto (…) La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra, que en último término protegía. La visibilidad es una trampa.”. Entonces, el sujeto “es visto, pero él no ve; objeto de una información, jamás sujeto de una comunicación (Foucault)”. De este modo, los mecanismos de control utilizan las bases de datos e información de los sujetos (qué es lo que hacen, cómo y cuándo lo hacen) para asegurar dentro de las sociedades de control la garantía del orden. Pero todo esto, es llevado a cabo “desde lejos”, desde un lugar donde nos miran pero donde nosotros no miramos, como en la historia que nos cuenta Orwell.
Entonces, el panóptico, como lo desarrolla Foucault, es una máquina de disociar la pareja ver/ser visto (se es totalmente visto, sin ver jamás). Dentro de este sistema, y en este caso, de la mano de las cámaras de seguridad, no sabemos en que momentos podemos estar siendo observados, pero somos concientes de que constantemente somos “vigilados” y fundamentalmente, registrados: cada acción, cada paso, con cada persona con la que hablamos.
El sistema panóptico actúa como un dispositivo de control, ya que “gracias a sus mecanismos de observación, gana en eficacia y en capacidad de penetración en el comportamiento de los hombres (Foucault)”. La manera en que nos desenvolvemos frente estas cámaras que “resguardan” nuestra seguridad, intentará responder siempre a protocolos de comportamiento adecuados, de moralidad, de valores éticos, “de lo que es correcto”. No podrán ser vistos “esas formas de ser” consideradas incorrectas, desagradables, hasta asquerosas porque todo el tiempo hay un ojo que observa nuestras acciones.



“Somos las máquinas que creamos”

“Es fácil hacer corresponder a cada sociedad distintos tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes sino porque expresan las formas sociales capaces de crearlas y utilizarlas (…) Las sociedades de control operan con máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido (Deleze)”. Las cámaras de seguridad deben pasar desapercibidas, sabemos que están allí pero las personas proceden (mejor dicho, actúan) como si no lo estuvieran. Dentro de las sociedades de control, hoy también sociedades de la información y lo digital, las cámaras de seguridad responden a las necesidades de las mismas.
De este modo, en la actualidad es característico que estas formas escapen del control mediante la represión física, pero sí son específicas el uso de las nuevas tecnologías como mecanismos de control: lo audiovisual, lo digital y lo informático están hoy al servicio de estas nuevas formas. Al mismo tiempo, se relacionan constantemente con las prácticas culturales que siempre se dan en un contexto determinado, que responden a necesidades específicas y a las características del tiempo en el cual se desarrollan.



Entre lo legal, lo moral y lo real.

Las cámaras de seguridad también son utilizadas como pruebas en muchos juicios. Han colaborado y servido de ayuda para esclarecer hechos delictivos de distintas índoles: robos, asesinatos, violaciones, etc. De este modo, cobran un papel muy importante, y fundamental, dentro del aspecto legal.
Pero al mismo tiempo, dentro del sentido de lo moral pueden llegar a jugar en contra de distintos derechos y garantías de las personas resguardadas en la Constitución Nacional, en Pactos Internacionales, y en el Código Civil. El derecho a la intimidad se ve sobrepasado por otras cuestiones, en la mayoría de los casos, por la inseguridad. Pero son evidentes que en nombre de nuestra “integridad”, y el de las grandes empresas, estos derechos y garantías sean sustituidas por un cartelito de “Sonría, lo estamos filmando”.
Entonces, pareciera que lo que hoy forma parte de la realidad es que lo moral y los valores éticos, en el uso de las cámaras de seguridad, dejen de lado al derecho a la intimidad y la privacidad para “llenar” otros espacios, en este caso, la protección de nuestra seguridad ¿Excusa o verdad?



Conclusión

¿La vigilancia intenta ser una excusa?

Foucault dice que hemos pasado de sociedades disciplinarias a sociedad de control. Para finalizar me pregunto se existe algún tipo de límite para los que tienen el poder y el control sobre lo que “consideramos nuestras acciones”. Me gusta creer que existen los límites. Entonces, ¿hasta qué punto las sociedades de control pueden hacer uso de estos mecanismos para registrar las acciones de las personas?
Sin lugar a dudas, las cámaras de seguridad presentes (pero nunca “protagonistas”, no quieren llamar nuestra atención) en la mayoría de los espacios públicos, y de las instituciones sociales funcionan como un mecanismo de control. De esta manera, este tipo de sociedades pueden ser relacionadas con la historia que narra George Orwell.
No se escapa de la realidad, no esta “descolocada” la idea de que en el 2008 la mayoría de nuestras “acciones sociales” están siendo registradas todo el tiempo, y en todos los espacios donde nos desplazamos: en el trabajo, en la escuela, en el supermercado, en el banco, etc. Lo fundamental ahora es poder y empezar a reflexionar sobre cuáles son los límites, sí es que creemos que deben haberlos. Y sí es que creemos que así es, cómo (y después cuando) empezar a exigir que se cumplan.