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lunes, 29 de septiembre de 2014

También se escribir en modo cobarde



Me comunico mediante preguntas. Pero a vos jamás te hice ninguna. Me contuve pero no porque no las tenía de las audaces y astutas, sino que fue por falta de valentía. Y quizá porque son de esas preguntas para hacerlas solamente en persona. Y las veces que nos vimos nunca nos sobró el tiempo para preguntarnos nada.
No es la primera vez que nos decimos adiós. Sucede cada vez que el miedo nos sujeta los pies. ¿Tuvimos más vueltas que idas?
Se que te vas a levantar de ahora en más y de ahora en menos cada día de tu vida pensando en nosotros. Y no digo en mí porque los dos no hemos sido nunca algo meramente en persona. Y es así que vas a pretender enamorarte de esa chica que no lee pero que en sus pocas palabras y muchas nueces vas a encontrar menos número uno de listas de música pop. Carpetas que dicen “músicas”, pero no dicen nada. La vas a sorprender con temas que hablan de ayer y tienen una foto de alguien en ojotas.
Mientras que yo me voy a despertar cada día pensando si vas a volver hoy. Voy a seguir leyendo y estando con alguien que ha leído. Voy a sorprenderlo con temas de ayer que hablan de lo que nosotros no pudimos ser pero en versiones graciosas para tentarle al destino nomás. No voy a pensar en vos cuando llueva porque ya ocupa otro ese lugar. Es que nunca hablamos de exclusividades. Pero te voy a recordar siempre antes de que salga el sol en invierno y me encuentre tomando mi café con leche frente a un monitor en blanco. Te voy a recordar también cuando una mosca verde no me deje dormir la siesta.

Solo sentimos cuando olvidamos. Ese proceso que tanto quise esquivar cuando te conocí. Pero vemos que tan imposible es que me tiene atrapada aquí escribiéndote. Es que nos vi en esta película; a vos fingiendo abrazos que solo se pueden ver mediante caricaturas de Liniers, y a mí transvistiendo amores.

Yo te hablo a vos pero en modo cobarde. Es que solo fuimos la cáscara de algún destino. 

domingo, 10 de febrero de 2013

Somos meros documentos de Word. Pero somos.



Me detengo –siempre estoy en el mismo lugar- necesito escribir la farsa actual entre vos y yo. Somos farsa. Pero somos. Soy lo que vos me dejas ser, y vos siempre podés ser más de lo que pensas que sos.
Es mentira la verdad y existió en cada momento,  en cada lugar, en cada espacio que transitamos. Es mentira la verdad y existió porque solamente así todo se volvía realidad entre nosotros.
Cuando te escribo nos  podemos encontrar en cualquier lugar: eso es lo de menos. Lo que importa es el deseo de encontrarnos porque a partir de ahí todo queda en manos del destino (me gusta delegarle obligaciones). El sí que quiere y se empecina en juntarnos entre tanto barullo, entre tanta ciudad vacía y rellenada de a pocos y de a nada.

Me gustas porque nuestros besos son siempre los últimos.
Me gustas porque hago puntitas de pie para alcanzarlos.
Me gustas por cómo tus brazos me rodean.
Me gustas porque me empecino en encontrarte y me entretiene buscarte.
Me gustas por lo poco que se de vos y lo que te conozco.
Me gustas por lo eternamente inocente de nuestros proyectos ¿son míos?
Me gustas por la forma en que no compartís lo que creo que es la verdad.
Me gustas aunque ahora somos meros documentos de Word. Pero somos.

Es el deseo el que me trajo hasta acá. El me moviliza. Sin él no somos nada. El deseo me lleva hasta tu lectura, hasta los versos de otros para decirte lo que no puede ser pero es. Entre tus ojos descubro palabras que me acercan -que nos acercan- como mezquinas gotas de ilusiones, de pasiones, de deseos, de cosas que verdaderamente no se. Todo es mezquino: como vos y yo al dar amor.

Pienso en resúmenes, así vivimos. Resumimos para acordarnos, y así es que vivimos en el otro y vos podes vivir en mí. Y no iba a volver a suceder. Las pequeñas cosas que logran ser grandes deseos nos encandilan si nos miramos a los ojos. Y pareciera que no existiera nada más porque lo nuestro se vuelve eterno cuando me resigno a no dejarte ir en mis palabras.
Los pasillos de la vida se hacen rogar para encontrarnos: nos esquivan, nos zarandean, nos olvidan solamente para que no caigamos que en la mañana siguiente ya seremos los mismos.
Sabelo, sólo escribimos (y somos) fragmentos en documentos de Word

martes, 3 de abril de 2012

Lo inútil del discurso en tiempos de porqués


Y aunque cuente otras historias, siempre digo las mismas cosas.
Y te veo y me pierdo como la primera vez que te vi.
Y como la primera vez, que era la primera vez de muchas otras cosas.
Ahora el olvido se transa mi presente, y no logró recordar bien.

Intenté hacerle trampa a mi destino, ese era el nudo del asunto.
Trate de jugarle las mismas cartas buenas de ayer, siempre las mejores. Las otras uno suele olvidárselas.
Pero me di cuenta que no se jugarlas –ya lo sabía pero me resistía a creerlo. No se distinguir las figuras y prefiero no mirar a los costados sí se que te voy a cruzar. Pero siempre mi mirada descuidada me lleva hasta el punto, hasta el grano de la cuestión. Así me encuentro con vos en la pieza de mi destino. Tan poca cosa, tan mío.

¡Voy a revelar todos tus secretos! Vos vas a olvidar los míos…
Vos vas a pensar en mí con cada canción. Yo voy a olvidarme de tus discos.
Yo voy a ser otra para nada distinta del hoy. Las mismas aspiraciones, la misma soledad.
Vos te vas a olvidar de mí cada vez que puedas. Y no va a faltar oportunidad para que te preguntes porqué ella, porque así, para qué a mí. Vas a buscar las soluciones en tus discos que ya no son tuyos, vas a buscar siempre en las mismas canciones de ayer.

Y no puedo sacarte de encima. No aprendo nunca a decir que no.
Y ya no quiero volver a casa, nunca puedo decir que sí.
Y se  que ya no existen canciones que no me lleven hasta a vos.

Ya se que no sos eso que pienso.
Ya se que no sos eso que merezco.
Ya se que no sos eso que espero.
Ya se que no sos eso que deseo.
¡Pero hace tanto que no me reía con la risa del otro!
¡Pero hace tanto que no me perdía en los ojos del otro!
Y me vuelven a decir que no sos lo que pienso/merezco/deseo. Re - pienso: ¿Y si yo no pensaba nada? ¿Y si esperaba menos aún de lo que sos?

Sabía que ibas a arruinar el momento.
Quedaban dos posibilidades:
- O era yo: estaba más que segura.
- O era vos: eso era lo que esperaba.

Me había perdido en tu fealdad, en tus pocas palabras de verdad y en mis grandes mentiras. Nos reíamos de lo inútil del discurso. Nos desesperaba lo inútil del discurso.  Nos reíamos al no querer como se quieren ciertas cosas que no existen: entre dudas y deseos, entre intrigas y leyendas.

Tu boca me dice que no.
Tus manos me dicen que no.
Tu mirada me dice que no.
Tu nariz me dice que no.
Me dicen que no me acerque, que ni me aproxime para luego detenerme.
No era buena para los discursos en públicos, quizá sí para los análisis.

Aunque me equivoque, volví a sentir sin necesidad de verdades.
Eras vos eras vos eras vos…
No importa qué. Pero eras vos…
Y eras vos quien no era ni mentira ni secreto. Y eras vos quien no era ni esperanzas ni mañanas tempranas.

No me perdía entre tus ojos, ni entre tu olor, ni entre tus manos. Me perdía en tu similitud conmigo. Me perdía en tu parecido con él. Quería que seas él que no estaba y que ya no estaría más. Y vos eras él pero sin doler tanto, pero sin faltar tanto, pero sin olvidar tanto. Y eso se podría traducir en una especie de placer para mí.

No me importaba lo que tenías para decir. Sino todo lo que fingías sentir/decir/pensar para llegar hasta mí. Era el centro y eso era lo único que tenía valor para mí.

Tenía un montón de líneas acumuladas.
Yo no entendía nada de nada pero igual me hacía la que entendía.