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miércoles, 30 de julio de 2008

“Sonría… ¿Nos están filmando?”

En la actualidad, nos encontramos “rodeados” de distintos mecanismos de control en todos los escenarios sociales: al ser registrados por cámaras de seguridad, al usar una tarjeta de crédito, al rellenar la base de datos del banco, de la facultad, al entrar a Internet y subscribirnos a una página para que nos envíe nuestro horóscopo todas las semanas, al recibir un correo electrónico, etc.
En los últimos años, en el caso de las cámaras de seguridad, las posibilidades de acceso a las nuevas tecnologías y la problemática de la inseguridad actual, han logrado que éstas proliferen en incontables espacios públicos (y no tan públicos) antes impensados. No nos resulta “extraño” estar todo el tiempo siendo observados por ojos que nos ven pero que nosotros no sabemos quienes son. Quizás estas miradas que “lo registran todo” sean los de unos completos desconocidos o los de un vecino, los de un amigo que trabajan en la empresa de seguridad del “Hipermercado Libertad”.
De esta manera “nos encontramos con ellas” en los supermercados, en los bancos, en las farmacias, en los cajeros automáticos, en los semáforos, en escuelas privadas, en los casinos, en los boliches. Dentro de sus formas de uso entran en juego la problemática de la inseguridad a la que pareciera estamos todos expuestos, pero también, en contraposición, cobra importancia la reflexión sobre el derecho a la privacidad. De este modo, en el siguiente ensayo intentaré analizar a estas videocámaras como parte de los mecanismos de control, vigilancia y seguridad.



Un “Gran Hermano” que todo lo ve

En la novela 1984 de George Orwell, el autor narra la historia de una sociedad sometida al totalitarismo y la dictadura. Los espacios públicos y privados son constantemente vigilados mediante circuitos de videocámaras (telepantallas). La historia de Orwell puede llegar a constituir una metáfora para re-pensar y reflexionar sobre la situaciones del presente. De este modo, el control y la vigilancia se han introducido en nuestras vida cotidiana haciéndose prácticamente invisibles: parece que ya no nos damos cuenta que en la mayoría de los espacios públicos estamos siendo “filmados” todo el tiempo. Si nos situáramos dentro de la novela de Orwell, nuestro día a día tranquilamente podría parecer uno en aquel país. Entonces, con respecto a la novela de Orwell y a la actualidad, la ficción nuevamente toca a la realidad: las cámaras en casi todas partes, la manipulación en la información, etc.
En las últimas décadas, estos mecanismos de control, de censura y de poder han logrado ser habilitados mediante el consenso de la mayoría de la población. Esto se ha debido a diferentes motivos, entre ellos, podemos mencionar a la problemática de la inseguridad. De esta forma, las personas aceptan ser “observadas” en todo momento y lugar para “sentirse protegidas”. Así, exponernos a que nuestras acciones cotidianas sean guardadas “por nuestra seguridad y las del resto de la Nación y del Mundo”, en archivos de datos donde es poco probable que tengamos acceso, parece incuestionable.
Además, con el auge de las cámaras de video/fotográficas, cada vez más pequeñas, más sencillas de utilizar, con más capacidad de almacenamiento, y menos costosas, la convivencia con las mismas forma parte de “la costumbre”. Aparecer en fotos, videos ya no es algo de difícil acceso, son cada vez más las personas que poseen por ejemplo, un teléfono celular con cámara de video y fotográfica. Entonces, sería importante, ponernos a pensar cómo fue que estos mecanismos se han ido incorporando a nuestra vida cotidiana, así poder llegar hasta la “invisibilidad” de las cámaras de seguridad, reflexionar sobre sus usos y “abusos”.
Las personas inmersas y dependientes de un sistema, son sometidas “sutilmente” a seguir estas reglas de juego, porque intentan hacernos creer que no existen otros modelos para llevar “adelante” la sociedad. De este modo, los mecanismos de control intentan pasar desapercibidos, ser sutiles, casi imperceptibles pero sin embargo, ahí están sin que ni un mínimo detalle se les escape.
Y al hablar de los actuales sistemas de poder “no se trata de preguntar cuál régimen es el más duro, o más tolerable, ya que en cada uno de ellos se enfrentan las liberaciones y las servidumbres (Deleze)” pero es importante reflexionar sobre el cómo todo hoy está siendo registrado, guardado, controlado; y que esto no forma parte de la casualidad, aquí la causalidad cumple el rol más importante. De esta manera, las cámaras de seguridad, como su nombre lo indica, en sus promesas nos aseguraron resguardar nuestra integridad física, psíquica y moral de los robos, la violencia, las violaciones, etc. pero dentro de sí encierran “nudos” que nos hablan de vigilancia y censura permanente (y no por casualidad) dentro de fuerzas en manos del Estado, ¡y cómo no, también del mercado!



El panoptismo

Para entender un poco más de qué tratan estos mecanismos de control podemos citar a Foucault y lo que él desarrolla acerca del panoptismo. Así, el habla de que “el dispositivo panóptico dispone unas unidades espaciales que permiten ver sin cesar y reconocer al punto (…) La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra, que en último término protegía. La visibilidad es una trampa.”. Entonces, el sujeto “es visto, pero él no ve; objeto de una información, jamás sujeto de una comunicación (Foucault)”. De este modo, los mecanismos de control utilizan las bases de datos e información de los sujetos (qué es lo que hacen, cómo y cuándo lo hacen) para asegurar dentro de las sociedades de control la garantía del orden. Pero todo esto, es llevado a cabo “desde lejos”, desde un lugar donde nos miran pero donde nosotros no miramos, como en la historia que nos cuenta Orwell.
Entonces, el panóptico, como lo desarrolla Foucault, es una máquina de disociar la pareja ver/ser visto (se es totalmente visto, sin ver jamás). Dentro de este sistema, y en este caso, de la mano de las cámaras de seguridad, no sabemos en que momentos podemos estar siendo observados, pero somos concientes de que constantemente somos “vigilados” y fundamentalmente, registrados: cada acción, cada paso, con cada persona con la que hablamos.
El sistema panóptico actúa como un dispositivo de control, ya que “gracias a sus mecanismos de observación, gana en eficacia y en capacidad de penetración en el comportamiento de los hombres (Foucault)”. La manera en que nos desenvolvemos frente estas cámaras que “resguardan” nuestra seguridad, intentará responder siempre a protocolos de comportamiento adecuados, de moralidad, de valores éticos, “de lo que es correcto”. No podrán ser vistos “esas formas de ser” consideradas incorrectas, desagradables, hasta asquerosas porque todo el tiempo hay un ojo que observa nuestras acciones.



“Somos las máquinas que creamos”

“Es fácil hacer corresponder a cada sociedad distintos tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes sino porque expresan las formas sociales capaces de crearlas y utilizarlas (…) Las sociedades de control operan con máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido (Deleze)”. Las cámaras de seguridad deben pasar desapercibidas, sabemos que están allí pero las personas proceden (mejor dicho, actúan) como si no lo estuvieran. Dentro de las sociedades de control, hoy también sociedades de la información y lo digital, las cámaras de seguridad responden a las necesidades de las mismas.
De este modo, en la actualidad es característico que estas formas escapen del control mediante la represión física, pero sí son específicas el uso de las nuevas tecnologías como mecanismos de control: lo audiovisual, lo digital y lo informático están hoy al servicio de estas nuevas formas. Al mismo tiempo, se relacionan constantemente con las prácticas culturales que siempre se dan en un contexto determinado, que responden a necesidades específicas y a las características del tiempo en el cual se desarrollan.



Entre lo legal, lo moral y lo real.

Las cámaras de seguridad también son utilizadas como pruebas en muchos juicios. Han colaborado y servido de ayuda para esclarecer hechos delictivos de distintas índoles: robos, asesinatos, violaciones, etc. De este modo, cobran un papel muy importante, y fundamental, dentro del aspecto legal.
Pero al mismo tiempo, dentro del sentido de lo moral pueden llegar a jugar en contra de distintos derechos y garantías de las personas resguardadas en la Constitución Nacional, en Pactos Internacionales, y en el Código Civil. El derecho a la intimidad se ve sobrepasado por otras cuestiones, en la mayoría de los casos, por la inseguridad. Pero son evidentes que en nombre de nuestra “integridad”, y el de las grandes empresas, estos derechos y garantías sean sustituidas por un cartelito de “Sonría, lo estamos filmando”.
Entonces, pareciera que lo que hoy forma parte de la realidad es que lo moral y los valores éticos, en el uso de las cámaras de seguridad, dejen de lado al derecho a la intimidad y la privacidad para “llenar” otros espacios, en este caso, la protección de nuestra seguridad ¿Excusa o verdad?



Conclusión

¿La vigilancia intenta ser una excusa?

Foucault dice que hemos pasado de sociedades disciplinarias a sociedad de control. Para finalizar me pregunto se existe algún tipo de límite para los que tienen el poder y el control sobre lo que “consideramos nuestras acciones”. Me gusta creer que existen los límites. Entonces, ¿hasta qué punto las sociedades de control pueden hacer uso de estos mecanismos para registrar las acciones de las personas?
Sin lugar a dudas, las cámaras de seguridad presentes (pero nunca “protagonistas”, no quieren llamar nuestra atención) en la mayoría de los espacios públicos, y de las instituciones sociales funcionan como un mecanismo de control. De esta manera, este tipo de sociedades pueden ser relacionadas con la historia que narra George Orwell.
No se escapa de la realidad, no esta “descolocada” la idea de que en el 2008 la mayoría de nuestras “acciones sociales” están siendo registradas todo el tiempo, y en todos los espacios donde nos desplazamos: en el trabajo, en la escuela, en el supermercado, en el banco, etc. Lo fundamental ahora es poder y empezar a reflexionar sobre cuáles son los límites, sí es que creemos que deben haberlos. Y sí es que creemos que así es, cómo (y después cuando) empezar a exigir que se cumplan.