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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Tomando posición

No hace mucho, algunos estudiantes (que después fueron más y luego, muchos menos) nos empezamos a juntar para hablar sobre la situación de la carrera. Había mucho que nos incomodaba, y otro tanto que desconocíamos. Ese momento que vivió nuestra carrera, que nos movilizó, que nos afectó, que nos interpeló, logró dejar marcas.

Comunicación Social, poco participativa en los andares de nuestra facultad, se hacía notar entre otras tantas carreras después de mucho tiempo. Y pese a los desencadenamientos (que aún hoy nos tocan de cerca) creo que este cambio/aparición provocó algo en nosotros.

¿Cuál es nuestro rol como comunicadores?

O mejor, ¿al servicio de quién o quiénes nos formamos y actuamos?

Los roles de las distintas profesiones hoy en día me remontan a la idea de meros papeles predeterminados a desarrollar. Los comunicadores –y todo profesional con una formación social, técnica- no se puede dar el lujo de adoptar y reproducir estos papeles sin un análisis de la realidad. Estos roles se van construyendo a partir de las demandas, y de los cambios (atención: no son sólo tecnológicos) por los cuales atraviesan nuestras sociedades.

Pero cuando hablamos de demandas ¿a qué nos referimos? ¿A las del mercado? ¿A las de la sociedad, a las de distintas organizaciones, grupos, sectores?

Es evidente que un comunicador social se mueve en distintos campos de acción y que todos los actores antes mencionados implican roles y formas de tomar posición diferentes. No creo que sea pertinente el debate entre lo que está bien o mal debido a que en un mundo como el actual – y el pasado y también el que se está viniendo- ya no existen los negros y los blancos puros: son distintos matices donde lo más importante es saber dónde se está. Es por eso que es necesario poder (re) conocer los intereses en juego, los distintos grupos para que de este modo podamos entender, contextualizar, optar, saber de qué estamos hablando –qué estamos comunicando- y en cual de todos los lados nos encontramos.

Comunicación y teoría/práctica

Los mitos sobre la relación teoría y práctica siguen dando vuelta por las cabezas de la mayoría de los estudiantes de las Ciencias Sociales, y también de algunos egresados. Retomando las transformaciones y debates que sobrelleva nuestra ciencia: por un lado, no son sólo los comunicadores los que deambulan en búsqueda sin cesar su objeto de estudio; por otro lado, no son sólo los comunicadores los que se enfrentan a un “abismo” al tratar de integrar la teoría a la práctica. Pero ¿a qué nos estamos refiriendo con teoría versus práctica?

Los distintos marcos conceptuales nos ofrecen la posibilidad de entender a la sociedad, a los distintos grupos, a los medios, etc. A partir de marcos teóricos los científicos sociales intentan dejar de lado el ámbito del sentido común. Pero ¿cómo es eso?, los comunicadores -y todos los demás intelectuales y científicos- ya no piensan como los demás mortales. La cuestión es mucho más rica y compleja.

Los aportes teóricos que nos brinda la ciencia nos ofrecen nuevas miradas, perspectivas, realidades para no caer en los mismos dichos de siempre, en los mismos preconceptos. Entonces, con la teoría que nos “inculta” la universidad ¿ya está todo dicho? Absolutamente no. Ahí aparece la práctica de nuestro hacer profesional, nuestra capacidad crítica-intelectual, del “no quedarnos con lo que nos dijeron”, de poder hacer uso de esos aportes teóricos en nuestro desempeño como comunicadores investigadores, como comunicadores periodistas, en fin…

Por eso no creo en esa rivalidad de la teoría y la práctica, que muchas veces desde la misma academia se encargan de fomentar, de reforzar, de no explicar y nos quedamos, nuevamente, en el sentido común y en una suma de opiniones sin reflexión, cuestionamientos ni crítica.

Comunicación y tecnología

Me gustaría considerar y poner en debate la relación entre la comunicación y la tecnología. Hace poco leía una nota en la revista Mu -que aunque el tema abordado era la relación de la producción agrícola y los agrotóxicos-, considero que ilustra también nuestro espacio de trabajo.

La nota se titula “La Otra Agrovida” y cuenta la experiencia de un campo en Guadalupe del Norte, Santa Fe donde -a diferencia de muchos otros campos agrícolas- no utilizan herbicidas pero que igualmente su trabajo es rentable. Estos productores plantean la diferencia entre ciencia y marketing científico: “(…) Lo que nosotros aplicamos es ciencia, que significa el conocimiento de cómo se hacen las cosas. Es distinto que la tecnología, que es un modo particular de conocimiento. (…) Lo nuestro es una tecnología de procesos, un modo de aplicar la ciencia comprendiendo las dinámicas de la naturaleza.”(Revista Mu. Abril 2010)

En este caso, tan distante pero similar al nuestro, me enfrenta con el “siempre boom” de las nuevas tecnologías de la comunicación. Estos nuevos modos de comunicación, muchas veces impuestos, de moda, efímeros o duraderos, deben ser considerados como una parte del proceso dentro de contextos más amplios y complejos. No deben ser tomados, como comentan estos productores agrícolas “parte de un paquete tecnológico” donde simplemente se los aplica: porque no son inocentes, pero tampoco culpables.

Continuando con Teresa Quiroz, dice: “(…) el conocimiento progresa no sólo por la sofisticación en la formalización y abstracción, por la incorporación de las más modernas y últimas tecnologías, sino por la capacidad de contextualizar”. Es decir, volviendo al ejemplo de los productores santafecinos, críticos y analistas, tomar una posición frente a las intimaciones del mercado, no bajar líneas sin preguntarnos el porqué, sin considerar los cambios y transformaciones, sin cuestionarnos ni reflexionar sobre qué implica para la naturaleza, para la sociedad estos nuevos usos, y qué relaciones de poder entran en juego.

Que no está mal plantar soja, todo depende de cómo se la planta; que no está mal usar lo último de la tecnología, todo depende de nuestra capacidad de poder contextualizar ese y otros temas que hacen a la comunicación.

Comunicadores en acción

Entonces, ¿la universidad nos brinda herramientas, conocimientos y el mercado laboral nos requiere eficiencia? Surgen los inconvenientes: integrar modelos teóricos, actuar rápido.

En el confín de la finalización de la carrera, no es ajena a nosotros “la realidad” por la cual debemos atravesar en nuestro desempeño profesional. Modelos hipercompetitivos, inestabilidad laboral, son sólo algunas de las cuestiones que forma parte de nuestra realidad en esta ciudad, en esta provincia, y todavía, en este país.

Considero que por su supuesto la formación académica debe anticiparse, actualizarse a estas realidades pero también, no nos olvidemos de nuestra toma de posición. Retomo lo que menciona Teresa Quiroz (2006): creatividad, gestión, y autogestión de proyectos. Todos estos elementos son fundamentales para nuestra inserción laboral. Creo que no son dados una vez y para siempre con el cursado de cinco años de carrera ni con la culminación de una tesis de grado. Estos elementos deben ser aprehendidos teórica, práctica, metodológica, y fundamentalmente, críticamente.