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domingo, 16 de noviembre de 2008

El Centro del –Des-Conocimiento

En los últimos tiempos los medios de comunicación y el Gobierno promocionan al novísimo Centro del Conocimiento como un espacio que se dice público, gratuito y libre, abierto a todos los misioneros en general, y al resto del país y del Mundo para que sepan que Misiones también tiene grandes espacios para el arte, y la cultura. Lo que parece que se olvidaron de pensar es el significado de lo que es un espacio público.
El sábado decidimos ir a conocer el Centro de Conocimiento. En la facultad nos recomendaron una exposición (el tríptico rosarino) y como sabíamos que era un lugar con una vista especial, decidimos llevar las cámaras y aprovechar para sacar fotos para un Seminario de Fotografía.
Así que sacrificamos la siesta y tomamos “el 28”. En el lugar nos encontramos con un concierto de guitarra y lírico que empezaba a las seis de la tarde, y una obra de teatro infantil a las 20. Al llegar recorrimos las exposiciones, y como faltaba media hora para que comience el concierto nos fuimos a sacar algunas fotos del paisaje: el nuevo hotel del IPLyC, la ruta de acceso oeste, los barrios del IPRODHA que se ven desde el lugar, la laguna, el Centro de Convenciones (olvidado, a un costado del nuevo Imperio-Centro). Se hizo la hora del concierto y entramos nuevamente al Centro del Conocimiento. Luego, antes de que empiece la obra infantil de las 20, fuimos a la tan promocionada fuente para sacar también ahí unas fotografías. Nuevamente, regresamos al Teatro Lírico y como la obra demoraba en comenzar, decidimos volver a casa. Pero antes de tomar el colectivo, regresamos a la fuente para sacar las últimas fotos, esta vez con los efectos del color en los chorros de agua.
¡Tonta idea de nuestra parte! ¡Sospechosa nuestra conducta para los agentes de seguridad del lugar! En ese momento, con cámara en mano, nos rodean tres policías, los agentes Roman S, Montenegro R. J, y Brites J. L, además del que se hizo llamar jefe de seguridad del Centro del Conocimiento, Roberto González, quien no tenía ningún tipo de identificación ni quiso presentarla. Estos cuatro sujetos nos rodearon a ambos, y nos hicieron algunas preguntas a las cuales denominaron “DE RUTINA”: ¿Qué vinieron a hacer acá? ¿Por qué anduvieron dando vueltas tanto tiempo? ¿De dónde son? ¿Tiene identificación? Luego de este “interrogatorio”, se nos pidió que mostremos lo que teníamos en nuestras mochilas. Sin ningún tipo de problemas y frente a toda la gente que estaba en el lugar se nos trató como delincuentes, o como “posibles delincuentes”. Nos pidieron la dirección de cada uno por si en el futuro “pasase algo en el Centro del Conocimiento”, textuales palabras del Jefe de Seguridad del lugar.
A lo que queremos llegar es que este espacio, que como remarcamos al inicio de esta carta, que se pretende libre, público, no es un lugar para quedarse más tiempo de lo “correcto”, para no quedarse “mucho tiempo”. Pero ¿cuánto es mucho tiempo? ¿Cuánto tiempo será el adecuado?
Un lugar que se pretende público y donde cuatro “agentes de seguridad” pueden revisar tus pertenencias sin ningún tipo de testigo legal: toca tus cosas, te expone a una “vergüenza pública” sin más justificación que la de: “porque estuvieron mucho tiempo en el lugar”. Nadie nos anticipó el tiempo que debíamos permanecer en el predio, nadie nos dijo que no podíamos sacar fotos del paisaje, y nadie nos avisó que por esto iban a tratarnos como a “posibles delincuentes”.
Sabemos que estas cuatro personas recién mencionadas no son más que muñecos de un juego en el cual sólo obedecen órdenes. Lo que está en juego obviamente es más grande que el mal momento que nos hicieron pasar. “Las cámaras de seguridad los vieron en muchos lugares toda la tarde”. Nos preguntamos, ¿y las cámaras de seguridad no mostraron que solamente estábamos sacando fotos, y mirando las muestras?

¿Cómo piensan desde estas instituciones un espacio público, y más este que se tilda de ser un Centro del Conocimiento? Un espacio público en el cual no sentarse, descansar, observar, preguntar, reflexionar, ¡conocer! Un espacio público que te cierra las puertas y te prejuzga por llegar en colectivo y no en una cuatro por cuatro. Un espacio público, un centro para el conocimiento que pareciera darte lo que tiene por pequeñas muestras en tiempos fríamente medidos, y que si para ellos los “excedes” tienen el derecho a pisotear tu imagen pública.
Un espacio gratuito, público, libre… pero por un ratito, y si llegas en cuatro por cuatro mejor. Un espacio para el conocimiento pero un conocimiento de paso, rápido, sin pensar, para dar solamente un vistazo sin que tener tiempo para reflexionar, y que además pareciera sugerirte que no te quedarás, y como en nuestro caso, que te sugiero que tampoco quiere que regreses.

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